lunes, 3 de noviembre de 2014

DINASTIA GRIEGA CAP 16



Nick le había impuesto un matrimonio que ella quería olvidar. Y a pesar de eso, nunca había sido tan considerado y comprensivo como en las últimas semanas. Aunque no lo había visto en persona, Nick la había llamado todos los días para asegurarse de que no le faltara de nada. Para empezar, una compañía profesional se había encargado de la mudanza. Dottie y Sam estaban eufóricos con la nueva casa de campo que les habían ofrecido y ya estaban instalados en ella. Durante los últimos tres días todos los animales habían sido trasladados a la nueva propiedad y se había contratado a un trabajador a tiempo completo para el refugio.
Nick incluso le había mandado a Miley un conjunto de ropa nuevo. Nick sabía que ella detestaba ir de compras y probablemente había asumido que le haría ilusión. Pero Miley no se sentía complacida en absoluto. El que Nick le comprase ropa le hacía recordar su fama de mujeriego. Nick sabía más de vestidos y tallas de mujer de lo que ella consideraba decente o aceptable.
Con ello en mente, Miley hizo una mueca al ver el vestido de cuello halter y chaqueta estilo bolero que colgaban detrás de la puerta. Definitivamente, no eran de su estilo. Era obvio que Nick estaba dispuesto a comportarse como si el día fuera una ocasión especial. El vestido también podía ser una pista de que, quizá, había preparado una fiesta sorpresa. La recorrió un escalofrío al pensar que quizá tendría que saludar de nuevo a los amigos y conocidos de Nick, vestida con un traje que tenía un cierto parecido a un vestido de novia. La seda blanca de su nuevo vestido era más elegante y sofisticada que el horrible satén con encajes que había llevado a los diecinueve, pero aun así le recordaba a su vestido de novia.
Mientras subía a la limusina que habían enviado para recogerla, la compañía de mudanzas llegó para empaquetar sus últimas posesiones. Había unas cuantas revistas en el coche y se puso a hojear sin mucho interés una de moda, hasta que la foto de un rostro familiar la hizo palidecer. Era Cassia Morikis, que había aprovechado su talento como actriz en una serie de televisión antes de casarse con una estrella del rock británica. La muerte del cantante y la subsiguiente pelea por la herencia entre sus anteriores mujeres e hijos habían lleñado unos cuantos titulares. Miley estudió el exquisito rostro de Cassia tratando de encontrar una sola imperfección en su belleza. No lo consiguió: Cassia era increíblemente hermosa.
La maldad de Cassia no se reflejaba en su rostro, pensó Miley. En el día de su matrimonio con Nick, Cassia había intentado superarla en todos los aspectos. Cassia había vestido de blanco y, por supuesto, el vestido le había sentado mucho mejor que a ella el suyo. Todo el mundo sabía que Cassia había sido la novia de Nick un mes antes y, por tanto, había disfrutado del apoyo de todos sus amigos.

Cassia-.Eres una gran chica en todos los aspectos, Miley -le susurró aquel día con su dulce voz cuando nadie más la escuchaba-. Esta noche en la cama, el pobre Nick no podrá cerrar los ojos y fingir que está conmigo.
Miley-. Para ya! -le exigió mortificada.
Cassia-.Parar no es precisamente lo que vamos a hacer Nick y yo. Disfruta tu anillo de bodas. Es todo lo que obtendrás de él - le dedicó una maliciosa sonrisa-. ¿Por qué crees que no os vais de luna de miel? Nick dice que no quiere pasar tanto tiempo sin mí.

Miley sintió un escalofrío al revivir ese venenoso recuerdo del pasado. Después de hablar con ella, Cassia le demostró su poder sobre Nick. Cuando Miley notó que Nick no estaba, no pensó que se lo fuera a encontrar con la hermosa rubia. Pero toda la fe que pudiera haber tenido en su novio se vino abajo cuando lo vio en los brazos de Cassia. Ahora, Miley estaba dispuesta a aceptar la explicación que Nick le había dado hacía unas cuantas semanas. Tal vez fuera cierto que Cassia hubiera sido la instigadora. Tal vez Nick había tratado de rechazarla. Tal vez. Desafortunadamente, ella no había estado allí el tiempo suficiente para comprobar si era cierto.

La limusina llegó finalmente a Oakmere Abbey. Miley abrió la puerta del coche y pisó la alfombra roja que conducía hacia la entrada principal de la casa. Por un instante se sintió un poco mareada por tanto protocolo, pero la sorpresa se desvaneció al momento debido a su impaciencia por averiguar qué reformas habían hecho en la casa. Una semana antes, Nick había contratado todo un ejército de limpiadores y decoradores para hacer habitables unas cuantas habitaciones. Aunque él había insistido en que quería sorprenderla, Miley temía que hubiera estropeado la atmósfera de la casa con colores y muebles inapropiados.
La puerta principal estaba completamente abierta. Entró muy lentamente y sonrió de inmediato al ver que el fuego estaba encendido en la chimenea del gran recibidor. Había un precioso arreglo floral sobre la mesa y un par de confortables sillas antiguas alrededor de ésta.

Nick-. Qué te parece?
Miley se giró, notando cómo la seda de su vestido le rozaba las piernas y vio a Nick entre las sombras de la pared. La luz que traspasaba las vidrieras le iluminaba el pelo negro y los perfectos rasgos de su rostro. Miley se quedó sin aliento y tartamudeó:

Miley-. Yo.. yo...
Nick-. Estás fantástica con ese vestido -la interrumpió Nick, recorriéndola con sus ojos de la cabeza a los pies.
Miley-. No hace falta que hagas ningún cumplido
Nick-. Pues claro que sí. Lo que hace falta es que los escuches - estrechó su mano con determinación y condujo a Miley hacia el espejo que había en la pared-. Tienes que aprender a mirarte tal y como yo te veo.
Miley-. No tengo por qué hacerlo. Nunca me han gustado los halagos - cerró sus ojos, elevando su barbilla con un gesto desafiante.
Nick-. No es un halago - la estrechó contra su musculoso cuerpo-. Por primera vez llevas puesto algo acorde con tu cuerpo divino.
Miley tuvo que abrir los ojos para ponerlos en blanco y expresar lo poco que le había impresionado el cumplido.

Miley-. Mi cuerpo no es...
Nick-. Sabes por qué no me caía bien tu madre? -los oscuros ojos dorados de refulgían con fiera impaciencia-. ¡Le gustaba demasiado menospreciarte y decirte lo normal que eras! Pero mira tu cara, tu estructura ósea... ¡y tu glorioso cabello!

Perpleja ante el discurso de Nick, Miley abrió y cerró la boca un par de veces y miró su imagen en el espejo.
Nick-. Tienes un cuerpo para morirse -le informó, deslizándole las manos por el pecho hasta sostenerle con ellas los senos de una forma tan sensual que consiguió escandalizar a Miley -. Lo adoro.
Miley-. En serio...? -preguntó, mirando su reflejo como si estuviera hipnotizada mientras las firmes manos de Nick se desplazaban por su vientre antes de bajar rozando por el costado de sus voluptuosas caderas.
Nick-. No te has dado cuenta tú sola? - empujó a Miley hacia atrás para que pudiera notar en la espalda la rigidez de su entrepierna.

Las mejillas de Miley se llenaron de color al tiempo que la inundó una tremenda satisfacción femenina.
Nick-. Si digo que eres atractiva... es que eres atractiva -dijo dejando que sus labios recorrieran el cuello de Miley -. Pero ahora, tenemos algo más importante que hacer. En la habitación de al lado el sacerdote que nos casó hace ocho años está esperando para bendecir nuestro matrimonio.

Sorprendida por el ardoroso interludio que acababa de tener lugar y con las piernas todavía temblorosas, Miley se sintió aún si cabía más desconcertada.
Miley-. Perdón? ¿Qué acabas de decir?
Nick-. Dijiste que te sentías como si no estuvieras casada conmigo... Pensé que la bendición del sacerdote podría mejorar la situación.

Asaltada por un ataque de furia, Miley selló sus labios para no estallar delante de Nick y concentró su mirada en las antiguas baldosas del suelo. ¡No podía dar crédito a todos los intentos que estaba haciendo Nick por impresionarla! No después de que hubiera utilizado el chantaje para hacer que siguiera casada con él. ¡Y ahora solicitaba la bendición de un sacerdote para ratificar el chantaje!

Nick-. Es mi manera de demostrarte que quiero comprometerme a hacer que nuestro matrimonio funcione -dijo sin la menor sombra de vergüenza o arrepentimiento.
Miley-. Pero yo no quiero comprometerme a ello
Nick-. Date tiempo y querrás... - la observó con ojos resplandecientes y una agresiva expresión en la línea cuadrada de su mentón.

Miley no dijo nada, ya que le parecía que no era el momento ni el lugar de iniciar una discusión. El venerable padre Vasos les saludó con gran amabilidad. Toda su persona irradiaba honestidad y eso tocó algo en el interior de Miley, haciendo que se estremeciera. ¿Cómo podía recibir una bendición si cualquier palabra que se dijera no tenía sentido ya para ella? ¿Cómo podía seguir negando que aún amaba a Nick? ¿Sería de verdad tan estúpido darle otra oportunidad? Cuando introdujo un nuevo anillo de boda en el dedo de Miley, sintió un hormigueo de emoción en la garganta. Después de que acabara la ceremonia, Miley ya no sabía qué pensar y ya no estaba tan segura de seguir queriendo resistirse a Nick.
Nick la condujo a otra habitación donde se había dispuesto una mesa con mantel de lino y cubertería de plata.

Miley-. Sólo para nosotros dos?
Nick-. Tres es multitud y te quiero para mí solo.
Miley-. Y quién cocina? - se había decidido a no mostrar su sorpresa por los elaborados preparativos que Nick se había tomado la molestia de organizar.
Nick-. Hice que un chef de París volase hacia acá. Esta vez quiero que todo salga perfecto, glikia mou -le dijo sin dudar un momento-. Te mereces lo mejor.

Las velas fueron encendidas por un grupo de sirvientes tan discretos y silenciosos como las sombras. La comida estaba deliciosa. Miley picoteó de los diferentes platos, mientras escuchaba las melodiosas subidas y bajadas de entonación en la sensual voz de Nick, reconociendo que, después de todo, la compañía era inmejorable. De vez en cuando echaba un vistazo a los duros y bronceados rasgos de su cara, a sus hechizadores ojos o la hermosa forma de sus labios. El corazón de Miley comenzaba a galopar y, entonces, centraba de nuevo la atención en la comida, lamentando el hecho de que, de cuando en cuando, se pusiera a fantasear como una colegiala.
Al poco, su atención se desviaba de nuevo y pasaba a centrarse en su nueva y reluciente alianza. Había sido un regalo muy tierno que ella apreciaba mucho, porque hacía mucho tiempo que ella había abandonado su anterior alianza en Atenas. Al estudiar la delgada banda de platino del anillo, la máscara de cinismo de Miley amenazó con venirse abajo y se preguntó si era posible que a un leopardo se le cayeran las manchas y se transformase en un marido fiel, dispuesto a abrazar un hogar y una familia.

Nick-. Hay suficiente comida?

Miley asintió, con temor a que, si hablaba, el hechizo con que Nick la había encantado se rompería.

Levantándose de un salto, Nick le tendió la mano. Ella le dio la suya sin siquiera pensar en ello.
Nick-. Bailemos
Miley-. Cómo vamos a bailar? -se rió mientras él la sacaba de la habitación.
Y entonces empezó a escuchar la música. Miley se encontró con la jovial mirada de Nick y le preguntó sorprendida:
Miley-. Hay músicos ahí arriba?
Nick-. Están tocando para nosotros -abrazándola, la hizo girar sin dejar que tomase aire-. Hace ocho años te negaste a bailar conmigo.
Miley-. Me daba mucha vergüenza bailar delante de tantos invitados. Pero tal vez si no me lo hubieras pedido tan sólo una vez...
Nick-. Me hacía el duro. No sabía qué otra cosa hacer. Todavía era un crío y mi orgullo estaba herido. Tu abuelo te había comprado un marido y todo el mundo lo sabía...
Miley-. Oh, no, Nick... ¿Cómo pudiste pensar eso? No tuve elección, igual que tú.
Nick-. Mis amigos me decían que tenía mucha suerte por casarme con una heredera rica. Después de todo, Theo era, y sigue siendo, más rico que Creso y mi padre estaba al borde de la bancarrota. Me sentía como si el dinero de Theo hubiese comprado mi cuerpo y mi alma para ti. Odiaba esa sensación -admitió preguntándose por qué ella era tan sincera con otras cosas y, sin embargo, seguía fingiendo que no había tenido elección a la hora de casarse con él-. No fui feliz hasta que pude pagarle a Theo hasta el último centavo que prestó a mi padre.

Miley se sentía afligida.
Miley-. No... no puedo creerlo -protestó, sintiendo de corazón lo que Nick estaba contándole, ya que nunca se le había ocurrido mirar las cosas desde su punto de vista-. Si hubiera sabido que te sentías así, me habría muerto.
Nick-. Pues así es como me sentía, pethi mou - la miró con ojos tristes.
Miley-. Demasiado orgullo
Nick-. Tal vez. Tengo que admitir que cuando Theo me dijo el mes pasado que te había quitado de su testamento, me sentí muy aliviado. En cierto modo nos dejó a los dos libres de su interferencia.
Miley-. Hmm... - le encantaba la forma que tenía Nick de hacerla bailar al ritmo de la música. Se sentía como si sus pies no tocaran el suelo-. Ojalá nuestra boda hubiera sido así.
Nick-. Ésa era mi intención. Hacer de nuevo las cosas como deberían haber sido antes –afirmó inclinando su anguloso rostro para besarla.
Miley se estremeció.
Nick-. El beso no estaba previsto en mis planes. Quiero que todo salga perfecto esta vez. Todavía tenemos que cortar la tarta, beber el champán...

Miley le agarró de las solapas del traje, se puso de puntillas y le susurró febrilmente:
Miley-. Podríamos llevarnos la tarta y el champán a la cama...
Estupefacto, Nick se puso repentinamente tenso y la miró con los ojos abiertos como platos:
Nick-.  Miley Angelis... ¿Qué te ha dado?
Miley arrimó su cabeza a la pechera de la chaqueta de Nick y se dejó embriagar por el olor de su marido. Se sentía débil por causa del deseo.
Miley-. No lo sé -le confesó-. Pero si lo que quieres es perfección, quizá sea un error seguir tan meticulosamente tus planes...
Nick estalló en carcajadas y, sin decir palabra, la condujo al dormitorio.

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